• junio 22, 2021 8:10 am

Los políticos se están matando entre ellos

May 27, 2021

regresamos a los años 20 del siglo XX cuando, amparados por la violencia revolucionaria, los políticos se mataban unos a otros para quedarse con el puesto.

Hoy la coartada es otra: los cárteles del narcotráfico. Sin embargo, no hay evidencia concluyente de que los cárteles sean los responsables directos de las agresiones contra candidatas y candidatos.

Llama la atención que los estados con mayor incidencia de delitos cometidos contra aspirantes no sean los mismos donde los cárteles operan con mayor impunidad.

El informe de violencia política de la consultora Etellekt, acaso el más completo y actualizado, refiere que los estados afectados por los asesinatos políticos son Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Puebla, San Luis Potosí, Estado de México, Tabasco, Quintana Roo y Ciudad de México.

Contrasta, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que las entidades donde los cárteles exhiben su disputa más violenta sean otros: Zacatecas, San Luis Potosí, Nayarit, Sonora, Baja norte y Baja sur, Campeche, Chiapas, Morelos, Nuevo León y Querétaro.

Solo San Luis Potosí coincide en ambas listas. ¿Cómo explicar esta intrigante discordancia?

El reporte de Etellekt advierte también que, entre las víctimas de violencia política, 78 por ciento fuesen opositores al gobierno estatal. Si se realiza la misma medición a nivel municipal, el indicador se potencia: 85 por ciento de las personas aspirantes asesinadas eran adversarias de quienes gobiernan las alcaldías.

Estos datos no excluyen como hipótesis que los autores intelectuales de las agresiones, además de ocupar un cargo público, tengan ligas con alguna empresa criminal. Sin embargo, los datos expuestos por Etellekt no apuntan directamente contra las cabezas de los cárteles, sino hacia sus socios, los funcionarios municipales y estatales que habrían resuelto la amenaza opositora utilizando el peor de los recursos para mantenerse en el cargo.

Zoom: en 1933 se promulgó la reforma constitucional que prohibió la reelección consecutiva para las alcaldías y las diputaciones. Ésta sirvió para que las élites locales circularan sin necesidad de matarse. Cien años después, este temible fantasma está de vuelta.

FUENTE: MILENIO